Querida y odiada, admirada o despreciada, no paso por la vida sin crear polemicas. Una mujer que queria a Chile, y que desde su postura combatio la dictadura, nunca transando en su discurso. Tres Articulo sobre ella, el primero de Luis Sepulveda aparecido en la Nacion (de parte de alguien que la admira como militante), segundo Jose Rodriguez Elizondo en la Tercera(quien da una mirada mas humana y fria) y para terminar Patricio Navia (con un articulo fuera de lo politicamente correcto, pero que muestra una mirada critica de la Dirigenta Comunista).
Personalmente creo que fue un personaje de la llamada Transicion a la Democrcia (en lo que coopero con una mirada critica), no compartia muchas de sus defensas, pero no puedo dejar de decir que mujeres como ella faltan en la Politica actual (aun se puede contar con los dedos las politicas que hoy tenemos en Chile).
Adios querida Compañera
La Nación, Lunes 7 de Marzo de 2005
Cantábamos a todas horas, Gladys solÃa empezar el â??dime dónde vas morena, dime dónde vas al alba…â?? y asà empezaba el coro de gargantas que recorrÃa kilómetros bajo un sol inclemente, pero que destacaba los pañuelos rojos anudados al cuello. â??Somos la guardia roja que va forjando el porvenir, hijos de la miseria ella rebeldes nos formóâ?? …
por Luis Sepúlveda (*)
La última vez que estuve junto a Gladys fue en un acto realizado en la vieja Quinta Normal, hará tres o cuatro años. Era una concentración al viejo estilo, con más de fiesta familiar que de fervor polÃtico. Las familias tendÃan mantas sobre el pasto, comÃan, bebÃan, cantaban las viejas y nuevas canciones de lucha, y las guitarras con calcomanÃas de Allende o del Che dejaban escapar sus notas en manos de alguna muchacha de las â??Jotaâ??. Abrazados empezamos a caminar entre aquellas familias que la saludaban con cariño, alguien hizo fotos que jamás vÃ, y me gustarÃa verlas ahora, pues seguro que en ellas, como en un defecto óptico, aparecerán los paisajes de los que hablamos mientras paseábamos en medio de esa atmósfera tan tÃpicamente reveladora de la familia comunista chilena. Recordábamos la marcha â??por Viet Namâ?? desde ValparaÃso a Santiago, en la segunda mitad de los años sesenta. Por entonces el secretario general de las â??Jâ?? era Mario Zamorano, y Gladys MarÃn empezaba a pe rfilarse como la muchacha seria, firme, aunque provista de una gran ternura que prodigaba en los descansos, cuando curábamos las ampollas de los pies, pues la marcha era de verdad y todos la hacÃamos embebidos del espÃritu de Pavel KorchaguÃn, el muchacho héroe de â??Asà se templó el aceroâ??, pero con el indeleble toque chileno. Cantábamos a todas horas, Gladys solÃa empezar el â??dime dónde vas morena, dime dónde vas al alba…â?? y asà empezaba el coro de gargantas que recorrÃa kilómetros bajo un sol inclemente, pero que destacaba los pañuelos rojos anudados al cuello. â??Somos la guardia roja que va forjando el porvenir, hijos de la miseria ella rebeldes nos formóâ??, cantaban las compañeras y compañeros que repartÃan manzanas y palmaditas de ánimo a los rezagados. Mientras caminábamos por la Quinta Normal, contándonos de nuestras vidas, de las queridas ausencias, de las nuevas presencias que nos mantenÃan de pie frente a la vida, de las luchas dadas, de las que dábamos, de las que darÃamos y daremos, de los hijos, de los nietos, de las ideas, de tod o aquello que conforma el vital inventario de los militantes, de pronto se detuvo para decirme que el cariño de los años jóvenes seguÃa intacto. ¿Y cómo iba a ser de otra manera? Es cierto Gladys, que tuvimos divergencias en las formas de lograr las transformaciones que nuestra sociedad necesitaba, pero también lo es que en los momentos crÃticos, esos años felices de militancia y juventud nos ponÃan espalda contra espalda y asà se resiste cualquier vendaval, asà se resisten los temporales del dolor y los duros golpes de la traición. Cómo iba a ser de otra manera, Gladys, si la memoria, ese maravilloso mecanismo que nos hace humanos porque decide y selecciona los recuerdos, una y otra vez me lleva a los veranos militantes, a las jornadas de trabajos voluntarios levantando casas, haciendo caminos, plazas, alfabetizando, o a cantar junto a una fogata en El Michay durante aquellas vacaciones de emulación comunista entre baños frÃos en el PacÃfico y clases de matemáticas, entre so pas colectivas y cursos de filosofÃa, entre bosques aromáticos y poemas que impregnaban la noche. Ya no estás con nosotros querida compañera, un trozo de Chile, una parte de nuestra cultura humana y polÃtica se va contigo, y dejas un vacÃo imposible de llenar. Recuerdo una noche en El Michay, en la que discutÃamos uno de los primeros documentos de los cristianos por el socialismo, muy anterior a la teologÃa de la liberación, y tu argumentabas que la fe era en el fondo una gran duda. Es posible que asà sea, pasarán siglos antes de que lo sepamos, pero desde mi posición de no creyente que abjura de la muerte como fin de las cosas, sólo puedo decirte que guardo la esperanza poética del reencuentro. Adiós mi querida amiga y compañera. Donde quiera que te hayas ido, organiza, algún dÃa volveremos a vernos, y una vez más será hermoso militar contigo.
(*) Gentileza de http://www.attac.cl
La Tercera
Hasta siempre, Gladys
Por José RodrÃguez Elizondo,Periodista, escritor y ex diplomático
Marzo 8, 2005
Exceptuando a los odiadores, los chilenos despedimos con respeto a Gladys
MarÃn. La derecha democrática hoy entiende que fue una compatriota cabal,
aunque con piel de lobo. El gobierno, que desde un comienzo estuvo
pendiente de su salud, declaró duelo nacional. Sus hijos, que debieron
crecer lejos de ella, terminaron comprendiéndola y amándola.
Lo notable es que, por pereza intelectual, el gran logro humano de la
dirigenta comunista suele expresarse como admiración por su “consecuencia”
polÃtica. Traducción lógica: por su lealtad a la doctrina marxista-leninista.
Que lo digan sus camaradas parece de cajón. Clavados en su fidelidad a la
Unión Soviética hasta el cataclismo final, mantuvieron la consigna “es
mejor estar equivocados dentro del partido que tener la razón en su
contra”. Asà perdieron el tren de la transición democrática en nuestro paÃs.
Pero que lo repitan en la derecha y en la Concertación, suena incoherente.
Porque… ¿fue Gladys digna de encomio por mantenerse irrenovable, aun
cuando los dioses soviéticos se esfumaron? ¿Fue meritorio que siguiera
creyendo en la dictadura obrera y la economÃa centralmente planificada?
¿Fue prueba de fortaleza no asumir públicamente el horrible significado de
las “purgas” y los gulags?
Respetarla por eso serÃa legitimar a los estólidos stalinianos, para
quienes el terror fue un método y el “revisionismo” una herejÃa. SerÃa
coincidir con esos “análisis” de los dogmáticos, según los cuales a
nuestros izquierdistas renovados “no les dio el cuero” para seguir luchando.
Mejor es reconocer que Gladys nunca entró en los debates escolásticos del
mundo comunista. No participó en la alta estrategia del movimiento
internacional. No estuvo “ni ahÔ con las observancias que inventaron los
tristes guardianes de la fe soviética. Por eso no fue una militante
doctrinaria, de Estado Mayor, sino una “activista del partido”. Pero no una
activista cualquiera, sino un torbellino. Un ciclón con camisa color
amaranto, que luchó por la justicia social, mientras cantaba la
Internacional ante un racimo de banderas rojas. Entre los militantes
encontró la familia multitudinaria que necesitaba y al ingeniero Jorge
Muñoz, su marido desaparecido.
Su vida se complicó demasiado cuando, tras la caÃda de los muros, debió
asumir como lÃder -primero virtual y después formal- del PC. La crisis
terminal del “partido guÃa” habÃa dejado a los suyos sin referente
ortodoxo, los renovados cerraban la puerta por fuera, Fidel Castro
manipulaba el naufragio sin escrúpulos, el gurú Orlando Millas era
marginado por criticón y el prudente Volodia comenzaba a fugarse con su
amante literaria.
En esa coyuntura, los sobrevivientes del tsunami optaron por aferrarse a la
fuerza y carisma de esta mujer. Desde su posición de mando, Gladys no
levantó ninguna teorÃa idónea para potenciar el genoma nacional y
democrático de los comunistas chilenos. No era lo suyo. En cambio, supo
arriesgar su vida en la acción clandestina y abierta, abrumando al general
Pinochet. Prefirió ir a la cárcel antes que retroceder y fue la primera en
querellarse en su contra. Paralelamente, manejó recursos importantes de la
solidaridad internacional, sin que su patrimonio se beneficiara al pasar.
Luego, con la Concertación en La Moneda, mantuvo su dignidad de dirigenta
popular por sobre las tentaciones del rating y de la farándula invasora:
nada de “piquitos” ante la tele, pro fondos para la Teletón.
Reconozcamos, entonces, que Gladys no se ganó el respeto del paÃs a golpe
de tesis y asesores de imagen, sino a golpe de actitudes. La mitologÃa
grupal -correlativa a la sonsera de su “consecuencia”- dirá que fue una
heroÃna de novelita soviética o una mezcla chilensis de Flora Tristán,
Dolores Ibarruri y Rosa Luxemburgo.
Pero la realidad es que esta comunista graciosa, siempre juvenil y devota
de la Virgen de Andacollo fue, hasta su muerte, uno de los más vigorosos
luchadores sociales de nuestro paÃs.
Extrañaremos tu sonrisa, Gladys.
Una mujer digna
Patricio Navia
La Tercera, marzo 7, 2005
Una mujer digna
Patricio Navia
La Tercera, marzo 7, 2005
Gladys MarÃn fue una mujer valiente, luchadora, preocupada por los más necesitados y dedicada de lleno a defender aquellos ideales que ella pensaba contribuirÃan a hacer del nuestro un paÃs más justo, más solidario, de menos pobreza y más dignidad. Lamento que no haya sido también una demócrata consecuente. Desde sus inicios en la polÃtica en los 60, su paso como diputada y su esfuerzo por reconstruir al Partido Comunista después de la dictadura, se desenvolvió exitosamente en democracia. Pese a que siempre respetó las reglas del juego en su participación polÃtica en Chile, su incapacidad para reconocer a la democracia como la única forma legÃtima de gobierno deja una mancha indeleble en su hoja de vida.
Me hubiera gustado que compartiese todos los ideales de democracia, pluralismo, diversidad y tolerancia que se han consolidado en Chile desde el retorno de la democracia. Pero con la misma obstinación y disciplina que demostró a la hora de resistir la campaña por exterminar al cáncer marxista de Chile lanzada por la dictadura, demostró una resistencia ciega a reconocer a la democracia como el único sistema legÃtimo. Su apoyo a los regÃmenes totalitarios soviéticos pudiera ser comprendido en el contexto de la Guerra FrÃa. Pero su incomprensible apoyo a la dictadura de Fidel Castro, especialmente después de la traumática experiencia dictatorial en Chile, opaca la carrera de esta destacada mujer.
De haber tenido edad en esos años, me hubiera sentido orgulloso de haber trabajado junto a Gladys MarÃn. Ella y muchos otros arriesgaron su vida. Con el retorno de la democracia demostró la misma tozudez para persistir junto a otras vÃctimas de violaciones a los DD.HH. contra aquellos que querÃan primero negar y luego olvidar las atrocidades cometidas. EntendÃa que el olvido está lleno de memoria y su compromiso con la justicia era anterior y superior a las consideraciones coyunturales. Esta mujer, que también sufrió el secuestro y desaparición de su esposo, representó un sÃmbolo para aquellos que han luchado por la memoria y la justicia durante años. Por eso, pese a sus falencias y errores, merece nuestro respeto.
Sin duda que al PC también le cabe una cuota de responsabilidad por el quiebre de la democracia. Pero irónicamente, de todos los miembros de la UP de Allende, el PC estaba entre los partidos más razonables. Es cierto que durante el gobierno militar se polarizó en demasÃa. Muchas de las decisiones estratégicas y polÃticas del comunismo durante la dictadura contribuyeron a fortalecer a Pinochet más que a robustecer a las fuerzas democráticas. La decisión de abrazar la resistencia armada fue un error histórico gigantesco. Pero cuando se violaron los DD.HH. en Chile, Gladys MarÃn estuvo entre las vÃctimas. Y su compromiso por poner fin a la dictadura -aun con herramientas ilegÃtimas- inspiró a muchos que contribuyeron pacÃficamente a poner fin a ese negro capÃtulo de violencia y represión.
Lamentablemente, desde 1990, mientras Chile construÃa con dificultad pero determinación la democracia y todavÃa se violan los DD.HH. en Cuba, no distinguió que los apremios ilegÃtimos y la falta de libertad son inaceptables, independientemente de la ideologÃa que se utilice para justificarlos. Más que discutir intensidades o intentar explicar lo injustificable, debió demostrar consecuencia por la defensa de los DD.HH. y la promoción de la democracia.
Todos los grandes hombres y mujeres de nuestro paÃs tuvieron enormes aciertos y grandes errores. Creo que los aciertos de esta mujer superan sus errores. Su determinación para combatir la miseria, la desigualdad, la injusticia y los abusos contra los pobres, su infatigable preocupación por los desposeÃdos y su inequÃvoca defensa de los derechos de los trabajadores la hacen digna de respeto y admiración. Gladys, tu recuerdo será también el de una mujer digna, que luchó con ahÃnco por lograr hacer realidad el desafÃo de Allende de abrir las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.