Editorial de la Semana

Porque el pasquin que mayor circulacion tiene en Chile se lucio con su editorial,aqui la publicamos para que la lean.
Están p’al gato
Edición del jueves 17 de marzo de 2005

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Están p’al gato
Edición del jueves 17 de marzo de 2005

La derecha debe estar pensando que Dios es de izquierda. Todo lo que sucede le va en contra. Pinochet resultó ser como gato de campo, un gato bravísimo, por lo demás, capaz de sacarle los ojos a una mujer embarazada mientras corre con su botín en la espalda. El informe de la tortura los dejó mudos. ¿Qué podían decir? Mudos, pero salpicados.

Cuando ya pensaban que la dada vuelta de página no podía demorar más, ¡plash!, cayeron Contreras, Krassnoff y los otros chicos del montón. Los escupos de la gente en las afueras de los tribunales alcanzaron a humedecerles el rostro, y se les vio aparecer más de una vez por ahí con cara de asco. Los ex DINA gritaron a los cuatro vientos que eran todos unos traidores. “¿Quién podría pensar, se preguntó el hijo del Mamo, que mi papá se mandaba solo?” Acto seguido hizo una declaración digna de tragedia griega. No recuerdo las palabras exactas, ni el medio en que las dijo, pero confesó que su padre quería ser cremado y que sus cenizas se las llevara el viento, porque sabía que si tenía tumba, esa tumba sería ultrajada.

El juez Guzmán detuvo a Montero Marx y a Benavides, ministros del Interior del viejo, y ahí empezó una escalada en la que cayeron los nombres de algunos de sus ilustres dirigentes. Cardemil llamó a no avergonzarse por haber apoyado ese régimen que descueró tipos con electricidad y tiró cuerpos al mar. Llamó a Fernández a levantar la vista, y no me acuerdo si también a Jarpa, a Novoa y a Diez, pero si no los mencionó, quiso hacerlo. Con toda la fuerza varonil del huaso chileno, a nombre de la derecha asumió pecho en alto que la dictadura había sido el último gobierno de su sector, cosa para nada nueva, pero que da gusto oír.

Empezaron a aparecer las encuestas. Todas ellas dejaban a Lavín por el piso. El candidato permanente, del que más tarde aparecería el tío, entendió que o estiraba los brazos hacia el centro
o las cifras no cuadrarían nunca. Tras agarrarse de las mechas, llamaron a Piñera. Se mordieron los dedos, pero lo llamaron. Y cuando ya daban por cierto que ellos por el solo hecho de quererlo lo tenían, Piñera les dijo que no. Así no más, que él en esa campaña no participaba. Es de suponer que, entre otras cosas, para un conocedor de la bolsa no es asunto conveniente andar comprando acciones con tendencia a la baja. De hecho, si fueran al alza, muchos de los udis que ahora se están peleando cupos parlamentarios estarían guardándose para gobernar. Si no me equivoco, Longueira incluso alcanzó a comunicar el ministerio que le gustaría. Creo que era Mideplan. No
aspiraba, explicó, a nada político. Lo suyo era el trabajo serio, las manos en la obra, los pobres de carne y hueso.

Por esos días, cuando el futuro se veía resplandeciente, podían darse el lujo de hacer declaraciones populistas con el mayor de los desplantes, aunque vaya uno a saber si no lo decía en serio. Y entonces se murió la Gladys Marín. La que había sido la representante paradigmática de lo que tanto pretendieron borrar con el Golpe de Estado, llenaba calles de calles con su cortejo. Que la mujer era consecuente, admirable, corajuda y de una sola línea, ok, pero también era comunista, uno de los últimos destellos de la Unidad Popular, una luchadora social y una revolucionaria. Alguien podrá decir que mucho de esto también se enterró con ella, y puede que sí, al menos en parte, pero reconozcamos que deja un buen montón de deudos. Ningún derechista se atrevió a encararla, y eso que no le faltaban frentes abiertos. Hubiera sido atrozmente impopular.

Y como si todo fuera poco, cuando estaba a punto de prender el tema del gas, un buen flanco para herir al adversario, en Argentina cayó Paul SchÀfer, el jerarca pedófilo de una especie de campo de concentración enclavado al sur de Chile que, hasta hace poco, contó con el apoyo y la protección de la vieja derecha. Mal que mal, el abusador de menores le había hecho unas cuantas paleteadas al tata y, como todos saben, favor con favor se paga. Ahora, claro, al tío no lo quiere nadie. Se invirtió el tiempo del verso de Neruda: es tan largo el amor y tan corto el olvido. Kirchner nos lo mandó de vuelta maravillosamente envuelto, y Lagos agradeció tanto el regalo que el gas casi se hizo gas.

Han de estarse arrancando las mechas con las manos. Hoy por hoy, las sedes de la Alianza deben tener el suelo sucio como las peluquerías.

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