Leyendo el diario por internet, supe que una companera/amiga de colegio (de esas que se perdieron en la bruma de los anios) gano un premio literario. 
La revista de libros publica una larga entrevista asique asi supe de ella despues de tanto tiempo, me alegro mucho, siempre supe que su futuro era en las letras… la primera prediccion de aquellos anios se cumplio… ahora solo falta que yo sea embajadora en la antartica… aunque creo que ese destino esta mas lejos de cumplirse…
Mientras, aqui va el pedacito de su novela que salio publicada, para ayudar en la promocion del libro.
La novela se llama Marcha Atras, y esto es lo que dijo el jurado:
- “Con maestrÃa sorprendente en la creación de personajes, Patricia Poblete da vida a esta fauna casi alegórica de los grandes vacÃos del mundo contemporáneo. Pero lo hace con bastante humor y una aparente cotidianidad que se agradece. Por eso Marcha atrás se lee aceleradamente: sin pausa y con goce…”
“Si se trata de hacer estadÃsticas, habrÃa que decir que Patricia Poblete es la primera mujer que obtiene el Premio Revista de Libros en categorÃa novela – en poesÃa lo recibió Damaris Calderón en 1999- , y el autor más joven también en este género.”
Anticipo De “MARCHA ATRÃ?S”
“Van a un congreso. A un congreso de personas que estuvieron clÃnicamente muertas. Me lo dijo Florencia, en el bar junto a la estación de servicio. Cuando por fin nos detuvimos casi pasé por encima de Lara para bajarme del auto. Dije que estaba desesperado (lo que era cierto) y que me morÃa de calor (lo que era cien por ciento cierto). Florencia me alcanzó y me preguntó por qué iba yo al congreso. La miré queriéndole decir que no tenÃa idea de qué me hablaba, y entonces ella me contó que iban a este congreso de Lloret de Mar, donde se reunirÃan quienes pasaron por experiencias cercanas a la muerte y quisieran contar sus historias o simplemente escuchar las de otros. También irÃan médicos, parapsicólogos y especialistas en el tema. Me dijo que era el cuarto congreso al que ella iba. Luego se detuvo en menudencias, de las que sólo retuve que el año anterior el encuentro habÃa sido en Lisboa y que allà la organización fue un desastre; que las charlas se habÃan extendido demasiado y que en las mesas redondas la gente se quedaba dormida o desertaba sin disimulo.
Un poco más repuesto luego de dos latas de Coca-Cola, sólo atiné a preguntarle por qué iba entonces, si los congresos eran tan aburridos. Florencia se puso nerviosa. Se llevó las uñas a los dientes y balbuceó algo de aprender de la experiencia de los demás. Luego pagó y dijo que se iba al baño. Antes de que regresara, la italiana, Sara, ya estaba haciendo sonar la bocina. En vista del retraso de Raúl en la gasolinera anterior esta vez fijamos que la parada serÃa sólo de diez minutos. La reacción de Florencia me pareció extraña. En cualquier otra situación probablemente me hubiese dado lo mismo; todos tenemos secretos y a nadie le importa. Pero en este contexto se entendÃa que la curiosidad me picara a tope. Esperé hasta último momento que Florencia regresara del baño, pero cuando Sara cambio los bocinazos por gritos no me quedó otra alternaniva que volver a la van. Florencia fue la última en llegar, no pude preguntarle nada más. Apenas se subió, Sara pisó el acelerador y salimos de nuevo a la carretera.
***
He logrado controlarme algo. Al menos ya no tengo esa sensación de ir atrapado entre zombies. O sÃ, sà la tengo, pero ya no me asusta; aunque me siento como en una pelÃcula de Tod Browning, “Freaks”. No sé hasta qué punto el circo lleno de monstruos de Browning – enanos deformes, hombres con seis dedos, mujeres peludas- resulte una analogÃa acertada; de seguro me bajarÃan aquà mismo si supieran lo que estoy pensando, pero no puedo evitarlo, asà es como me siento: en medio de un grupo de freaks. Cierto, ninguno de mis compañeros de viaje tiene signos visibles de su… ¿defecto?, ¿problema?, ¿secreto?, ¿virtud?, ¿don? ¿Cómo se le llama a esto sin que suene ofensivo? ¿Particularidad? Nadie aquà lleva en la cara evidencias de su historia, y quizás sea eso lo que me incomóda. No sé cómo tratarlos. ¿Debo hacer como si nada y seguir como antes, conversando de cualquier cosa? ¿Me quedo callado y me limito a escuchar? ¿Será inadecuado ceder a la curiosidad y preguntar cómo es, qué se siente? Han hablado del túnel, de la luz, de una visión panorámica de sà mismo. Cosas que se leen en un reportaje dominical, que se ven en un documental de televisión. Cosas que le pueden pasar a cualquiera, sin necesidad de morir. Recuerdo haber soñado con mi mismo cuerpo que yacÃa, durmiendo sobre la misma cama, en el mismo momento que soñaba. Me veÃa desde arriba, en vertical. ¿Es eso desdoblarse? Como una cámara omnisciente, una presencia invisible avanzaba en ralenti hacia mÃ, trepaba por el colchón, se acercaba con cuidado hasta respirarme en la cara. En el sueño yo estaba lúcido, con los ojos cerrados y el corazón galopante: sentÃa esa presencia en toda su magnitud y el terror me atenazaba cada músculo. Esa mañana desperté sobresaltado, medio muerto de miedo, aunque la luz del dÃa inundaba la habitación. Recorrà mi departamento como si no lo conociera, como si cada rincón albergara una amenaza. ¿Se parecÃa eso a lo que mis compañeros de viaje habÃan experimentado? ¿Sufrieron ellos también accesos de pánico al despertarse en medio de la noche y sentirse solos? No tengo el valor de formular ninguna de esas inquietudes”.