El diario la Nacion publico este articulo que me parece necesario compartir, como no se puede hacer click directo a sus articulos, lo copio textual (se que es ilegal lo que estoy haciendo, pero de que otra forma podemos informar de cosas importantes como esta), es como quedar como una imagen a medias.
Maldita clase media
No basta con un tÃtulo para ascender. La cuna y toda clase de desigualdades siguen perpetuando las brechas. Hoy la movilidad es menor y con la sobreoferta de educación superior, la clase media-baja suele comprar sólo una â??promesa socialâ??. Expertos debaten esta tesis.
Antonio Valencia
La Nación
Datos duros. En el Chile de hoy, una persona cuyos padres pertenecen al 20% más pobre de la población tiene un 31% de probabilidad de permanecer en la misma condición y un 52% de estar entre el 40% más pobre. Sólo siete de cada cien de ellos llegan al escalón más alto. Punto.
Las cifras responden al estudio â??Movilidad intergeneracional del ingreso en Chileâ??, de Javier Núñez y Cristina Risco, ingenieros comerciales y académicos de la Universidad de Chile. No es todo. La mitad de los hijos del 20% más rico de la población conservará su posición en la escala de ingresos y un 76% tiene un lugar entre el 40% con mayores ingresos.
En â??Clasismo, discriminación y meritocracia en el mercado laboral en Chileâ?? (2004), Núñez y su colega Roberto Gutiérrez destapan la discriminación salarial. Un solo ejemplo: habiendo estudiado idéntica carrera, en la misma universidad y con similares notas, los profesionales de clase alta ganan entre un 30% y 40% más que aquellos que han crecido en estratos socioeconómicos medio o bajos.
El Informe de Desarrollo Humano en Chile â??El poder: ¿para qué y para quién?â??, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), enseña que los miembros de la elite establecen vÃnculos en su interior y colaboran entre sà para consolidar el proceso de desarrollo. Es el grupo más cerrado al resto de la sociedad. Tanto, que un 65% de los padres de los miembros de la elite proviene del sector socioeconómico alto y sólo un 3% proviene del bajo. En Alemania, en cambio, un 35% proviene del estratos bajos y otro 35% de capas altas.
Capital social
El psicólogo Pablo Egenau, director de Programas Sociales del Hogar de Cristo, abre la ronda del debate. â??No sólo la distribución del ingreso es desigualâ??, dice. â??También la distribución de la salud, de la cultura, de la educación, de las oportunidades y hasta del castigoâ??.
Independiente de los esfuerzos que un chileno medio o medio bajo tenga para acceder a un tÃtulo universitario que, â??entre comillasâ??, -apunta Egenau-, le garantizarÃa la posibilidad de ascender, importa el quién es, de dónde viene, cuál es su historia y quiénes son sus padres ejerce una limitación. â??Se construye un muro invisible pero tan poderoso que en muchos casos impide que una persona se desarrolle, a diferencia de compañeros de universidad que por contactos, vÃnculos, apellidos e historia tienen otro capital socialâ??, resume Egenau.
El capital social es un intangible que no se guarda en el bolsillo y que se distribuye de manera â??tremendamente desigualâ??, enfatiza Egenau. Es dinero, son redes, contactos, valoraciones de los apellidos, del colegio, color de los ojos o manera de hablar. El mundo y el entorno en que cada ciudadano nace y crece quedan marcadas a fuego. Casi como profecÃas autocumplidas.
Un estudio de la socióloga y académica de la Universidad de Chile, Mónica Llaña, confirma esta tesis. Este señala que los horizontes para un niño de un colegio público de Puente Alto y otro particular de Las Condes son demasiado distintos. En el liceo de Puente Alto crecen en medio de la desesperanza, baja autoestima y marginación. Su entorno los lleva a asumir que no tienen futuro. El colegio es sólo un lugar de encuentro, no una herramienta para surgir. â??En Las Condes, en cambio, los estudiantes se sienten parte de una elite y de un futuro en el que dominarán los destinos del paÃs. Son los llamados a ocupar el espacio de sus padresâ??.
Jugar con fuego
Cristóbal Rovira es sociólogo y candidato a doctor en la misma disciplina en la Universidad de Humboldt, Alemania. Forma parte del equipo de Desarrollo Humano del PNUD. Su postura es clara: dado que en Chile existe una distribución de los recursos culturales y económicos altamente desiguales, â??difÃcilmente se produce una movilidad social ascendenteâ??.
â??Es una gran paradoja. El imaginario democratizador se ha instalado en la sociedad bajo el supuesto que el ascenso social opera por el mérito antes que el apellido. Siguiendo esta lógica, la adopción de tÃtulos universitarios son los pasaportes simbólicos que permiten escalar. Esa es la teorÃa, pero diversos estudios ponen en tela de juicio este imaginario democratizadorâ??, agrega.
Rovira se pregunta: â??¿Por qué entonces se confÃa tanto en que a través de la educación se podrá enfrentar el problema? Primero, porque se trata de una operación publicitaria. La educación se ha vuelto una mercancÃa más y de alto costo. Segundo, porque la clase polÃtica cree que el libre mercado soluciona todo, que a Faúndez (modelo de self-made) le basta con luchar y estudiar para salir adelante. Este estereotipo esconde la promesa social (ascenso vÃa mérito) que en realidad está lleno de cortapisasâ??, dice.
El experto es severo en su diagnóstico. Sobre todo a la hora de confrontar la oferta laboral para centenares de profesionales que egresan año a año. â??Con altas tasas de crecimiento, una gran mayorÃa de los estudiantes actuales tendrá trabajo. Los ingenieros comerciales como cajeros de banco. Abogados, periodistas y psicólogos serán expertos en hacer rendir sus tarjetas de créditos para llegar a fin de mesâ??, advierte.
El sociólogo plantea que la educación genera un ascenso social simbólico â??status-, antes que económico, pero ocurre que hasta lo simbólico ha ido perdiendo legitimidad. â??Hay una distancia enorme entre lo que la educación promete y lo que en realidad brinda. Y endeudarse (crédito universitario) para obtener un bien (tÃtulo) que no otorga la satisfacción ofrecida (ascenso social) es jugar con fuego. La expansión de esta dinámica â??declara Rovira-, genera frustración y rabia. El sistema universitario chileno no sólo es una vergÃŒenza en calidad y ausencia de regulación: es una bomba de tiempoâ??.
Los Pato Navia y los Colin Powell
SÃ, hay excepciones a la regla. Tipos donde la meritocracia de verdad opera. Rovira apunta que por lo general se da en la elite polÃtica, que es más abierta que la económica. â??Cuando aparecen, las excepciones son ampliamente utilizadas en los medios de comunicación. Asà se confirma la validez del modelo. Ahà están Colin Powell y Condoleezza Rice, por ejemploâ??, apunta Rovira.
En Chile, el cientista polÃtico Patricio Navia es otro ejemplo. Pero para Egenau casos como estos son anecdóticos. â??No puedes hacer una análisis social desde lo anecdótico. No quiero argumentar una intencionalidad perversa detrás de esto, sino que somos una sociedad fragmentada y eso hace que unos y otros nos miremos desde los prejuicios que inundan los medios de comunicaciónâ??, opina.
Javier Núñez, economista y autor de los estudios sobre â??Discriminación y meritocraciaâ??, y â??Movilidad intergeneracionalâ?? ya citados, estima que la movilidad social es un término muy emparentado con la distribución de oportunidades. Es saber cuán determinante es la cuna o el entorno social y educacional que tuvo un niño en edad temprana. En otras palabras, cuánto afectan a un individuo las cosas que no pudo escoger.
En Canadá, Nueva Zelandia o en los paÃses escandinavos la â??cuna es muy poco importanteâ??, reseña Núñez. El hijo del gerente y el del portero de la Volvo tienen casi las mismas oportunidadesâ??, grafica. En Chile, sin embargo, â??donde tú naces es muy determinante para lo que quedas lograr. Es más, Chile es uno de los paÃses menos móviles, o bien, donde más perpetuación hay de la condición social. La distribución de oportunidades es bastante malaâ??, pronuncia.
En una economÃa de mercado, continúa Núñez, para desconectar las oportunidades de la cuna se necesita, además de dinero y polÃticas públicas, capital humano, o sea, destrezas, habilidades, competencias y conocimientos acumulados desde que nacen hasta el ingreso al mundo laboral. Las deficiencias tempranas vienen dadas por el hogar, el entorno social y el sistema educacional, todo vinculado al poder económico.
â??Pero hoy la cuna se nos filtra por todas partesâ??, dice el economista. â??En los estratos medios y medio-bajo tienen que alinearse los astros para que sean una excepción, pero además se van a topar con otro obstáculo con respecto a uno que viene de estrato alto: la discriminación salarialâ??, recuerda.
Al final del dÃa, Núñez pondera la realidad del Chile actual, pues a pesar del panorama descrito, estudiar sigue siendo un buen negocio. â??Claro, porque en promedio de todas las carreras y todas las universidades, el salario del universitario es cuatro veces del egresado de cuarto medioâ??, anota.
Con todo, el experto explica que hoy la clase media no es muy distinta de la clase media-baja e incluso baja. â??El 80% es muy parecido entre sÃ, y la distinción entre pobres y no pobres es mucho más difuso de lo que creÃamos. Eso hace a la clase media mucho más vulnerable de lo que pensábamos. Una enfermedad crónica del padre o la madre, o desempleo del jefe de hogar, puede empobrecer a una familia de manera muy rápidaâ??.
â??Siendo mala la fotoâ?? del Chile de hoy, aprecia Núñez, â??la movilidad social tiene una tendencia a la mejorÃa en los últimos veinte años. Los años de educación han aumentado y la brecha entre alta y baja escolaridad ha disminuidoâ??. ¿Hacia dónde camina el paÃs? DifÃcil saberlo. Para ver resultados tendrán que pasar un par de generaciones. Y tener paciencia. Mucha paciencia.
PEDRO MONTT, SUBSECRETARIO DEL MINEDUC:
â??La educación no es el único factorâ??
Pedro Montt cree que la educación es probablemente el factor decisivo para el ascenso social y para reafirmarlo asegura que diversos estudios plantean la importancia del capital social y cultural. â??La educación produce acceso a mejores oportunidades, y eso lo demuestran los estudios de movilidad intergeneracional Cuando el acceso a la educación se va haciendo cada vez más generalizado, la educación pierde fuerza como variable diferenciadoraâ??.
El subsecretario de Educación cuenta que hace 40 años la educación secundaria hacÃa la diferencia. En décadas pasadas el ascensor era ocupado en Chile, pero por muy poca gente. Si nos ceñimos a sus palabras, la movilidad intergeneracional ha ido mejorando.
Chile tiene una distribución de la riqueza muy desigual y la movilidad social es baja, pero hay señales que indican que algunas modalidades educativas pudieran ser indicativos de mayor probabilidad de movilidad social-según Montt-. â??Hoy la formación técnica tendrÃa más atributos para poder usar el ascensor socialâ??.
Hay problemas estructurales que explican la desigualdad, y para resolverlos la educación es un factor, pero no el único. â??Un análisis autocomplaciente dirÃa: â??mire, si educamos más a la gente, esto va a producir ascenso social y disminución de brechaâ??. Pero no es asÃ. Eso es poner a la educación como la única llave, pero no, también tiene que ver con la estructura productiva, cultural, con la calidad de los empleos o la discriminación salarial. Si reducimos todo sólo a educación es como contarse un cuentoâ??
Montt señala que nadie discute que las personas más instruidas deberÃan tener acceso a mejor calidad de empleo. â??Lo otro es analizar dónde falla el mercado cuando vende educación de calidad…y en realidad no lo esâ??.
â??El paÃs tiene el desafÃo de cubrir la infancia más temprana, que es donde comienzan las diferencias entre los niños independiente de su talento. Pero la educación terciaria también tiene que mejorar en calidad y diversificación en formación técnica, por ejemplo. Pegar el salto es materia de más largo alientoâ??